¡Pibe, oí, cantate un tango…o una milonga...!
¡O lo que vos quierá’!
lo que te suba corriendo
lo que fluya
como el agua que encuentra en la garganta
un caudal de notas secas ¿Sentís?
Las chapas oxidadas reverberan.
Esta tarde, en el filo que atraviesa por dentro de lo oscuro
y por fuera de la luz, esta tarde. Una vena
inflada que cruza la frente.
Y de la reverberancia metálica quedará un techo de ecos
después quizás un zumbido
en el techo, como si pasara el tren,
como si las paredes crujieran con ruido ásperos
El techo de la cabeza, que se desploma para dormir despierto
en los brazos apoyados en cruz
sobre una mesa de grela camuflada
entre papeles y palabras
porque sabés,
Carlitos,
que va a llegar el vacío
tarde o temprano deviene el vacío
la absoluta ausencia
la magnífica nada
la extraña perplejidad
el suave aterrizaje a la tierra
del no me importa
nada más.
martes, agosto 21
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