jueves, septiembre 20

Marzo

Los patios de las casas cuando llega verano,
el transcurso lento de las horas,
la figura
de una sombra,
el suelo
mojado a manguera,
el chorro finito,
el resquicio
seco,
las macetas de cemento,
discos de folklore, el volumen justo,
todo se siente
tan liviano.
Los pibes juegan solos o miran a sus abuelos
doblados en la silla,
humedeciendo la yerba. Sin apuro corren
las agujas.
Más bien se puede estar,
se está bien aquí.
Adentro
los grandes, los cansados,
duermen
apuradas siestas.

Fuerte

Llega un momento
en el que de tanto pensar
quedás vacío
y no te interesa nada.
Mirando por la ventana veo a un obrero
trepado a un andamio,
catorce horas bajo este sol.
En la noche

le va a doler tanto la espalda. Quizás
no pueda ni dormir.
A fin de mes viene la plata, a la mierda:
todo va a seguir igual.
Miro eso
pero es pura casualidad, el asunto es fijar la vista en algo
porque me siento tan vacío
que no podría hacer otra cosa.
Tenés que ser fuerte.

Porque cada día
me alejo más de ellos,
de lo que conversan,
de las cosas a las que se aferran,
de las comodidades en treinta y seis
cómodas cuotas.
Los amigos están cambiando,
empiezan a mirarte con cara de decepción,
van a dejar de verte de un momento a otro,
tu vecino también,
la que era tu novia también.
Tenés que ser fuerte.
Arrugo la cara para frenar las gotas
porque no es bueno,
no es para cualquiera,
no es un trofeo, no es un orgullo.

Pero me alegra mi tristeza,
y no tener carrera,
y no ser jefe,
y mi amigo zarpado en escabio,
y tu hijo hermoso
y como se parece a tu mujer

Prendo la tele: un viejo boca abajo
contra el piso
tiene la cara ensangrentada;
la milicada
quiere desalojarlo
de su rancho.
Chaco.
El viejo resiste.
Atrás se ve clarito que hay dos nenes llorando.
Me da ganas de llorar a mí también.

Te digo que tenés que ser fuerte.