jueves, enero 31

El arte

Me estimula pensar
que las palabras acuden solas al papel.

Me gusta no
explicar cierta presencia.

Me gusta la consistencia detrás
del inconsciente.

Y cuando las palabras se ponen de acuerdo.

¿Y cuando se emperran en decir aquello?

También la incongruencia de ciertos
primeros versos.

La laboriosa melodía
de las sílabas.

El acopio violento de oraciones.

La lectura fórmula uno.

La regla y su antídoto.

La coma a destiempo,
la acentuación corrida,
la forma sin forma, el significado errado, el desfasaje, el faso
el oximoron-no-se-que-mierda

Toda esa verdura.

Que pin que pan que esto que lo otro bla bla
Bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla
bla
bla
bla

y sentirse uno muy así
guacho poeta re pistola gran lector mirá como escribe
que sensible sensiblero y leernos cositas unos a los otros
aplaudir y mariconadas
como esas.

Si, si, todo bien con eso.

Pero la verdad es que me estimula mucho más
mirarte cuando te estás yendo relojearte toda de izquierda
a derecha desde Ushuaia hasta La Quiaca
tu precordillera y los manantiales que te riegan
y toda esa calentura refrescante que me provoca
el dejarme así parado como un gil y tener
que decirte cositas preciosas en voz muy baja mientras
hago señas de que no con la cabeza
que no
que no
que no puede ser
que no puedo creer
mamá
lo linda que sos
lo buena que estás.

El reflejo

Dice
el espejo a mi reflejo:
de tu Yo pasado queda
apenitas
un oscuro destello.
Apagado.
Viejo.
Dice: es solo un destello.
Y si dice mucho y si habla poco
es justamente
por eso. Porque persevera en el espejo
la gracia del reflejo,
que a veces se vuelve
más claro y bello
que la luz de una mañana.
Todo se ve en el presente del reflejo,
desde los pasos mal dados
hasta las cicatrices, desde lo que fue un indicio
hasta lo que serán recuerdos.

Todo lo bueno es mío, dice el espejo,
lo pierdo a veces, a veces lo encuentro.
Lo revoleo al viento y regresa volando
con las alas mas cortas
pero amanece
cantando.

Habla al fin el reflejo:
que me mires, dice, por sobre

todas las cosas que me mires,
que me revises todo,
que recibas esto. Que brilles. Que me expliques
para que te escuche. Que te escuche
para poder decirte.
Que me enseñes.
Que me sigas hasta

donde puedan tus pies, porque yo pienso hacer lo mismo,
un pie tras otro,
por cada paisaje en el que

se abra tu camino.