Lo jodido del asunto hermanito es que la poesía se te predispone
y te entrega el rosquete en cualquier momento,
en la cola de pago exacto o pasando en colectivo
por la calle Salta en donde todo es tan colorido
tan a un precio bárbaro y tan juntito todo que es imposible
que no te agarre la visión, pero atenti:
es una cagada porque a veces
es solo eso, la extraña sensación, la ausencia de las palabras,
entonces vos te quedás mirando la nada como un gilo
y te empiezan a doler los fueyes o te reís como trastornado,
y que se yo, que se le va a hacer. Si uno pudiera quitarse unos versos
de encima, así como si fuera la zurda de Pappo
cuando lo puso al salame ese
que le miraba la mina. Pero ya no me preocupo tanto.
Mirá si me voy a venir loco por eso.
Cambiaría todas las líneas y las páginas que leí
por una Fender del 54’ con cuerpo de fresno y unas cuerdas 011.
Cambiaría cualquier cosa
por encontrar definitivamente la paz. Por largar el pucho.
Y menos mal que ya no leo a todos esos apellidos raros
que me limaron tanto la cabeza y la puta que los parió a todos
¡Hijos de puta, casi me sacan la esperanza!
Ahora pienso que me hubiera gustado ser boxeador, ahora
pienso que me hubiera
gustado aprender un oficio, que me hubiera gustado
no haber perdido el tiempo en la universidad.
Comunicólogo ¿Comuni-quién?
Como si un Walsh hubiera necesitado
de una papeleta para ser una bestia admirable.
Pero ya no me quejo. Ahora solo me preocupa que los perros
se queden sin Raza,
o que mi mujer no sonría,
o que en los ensayos nos cueste mucho
sacar alguna canción.
jueves, octubre 2
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