lunes, diciembre 11

Perro

Temprano todos los días
pasa Osvaldo
un perro le grita le dice que cruce lo salude
que mierda
y que si tiene un pan de ayer
mejor
Juan ya me lo había dicho
a toda lengua lo dijo:
ese perro hasta los cincuenta no se muere

A veces frío de noche
el viento está como loco
golpea todo
arrastra cosas que hacen ruido
entonces agarro al perro
y me lo pongo de frazada
a ver si el calor
en una de esas
quien te dice

pero no

lo corro hasta los pies
se encabrona y me ofrece
el tarascón.
¡perro de mierda!
y me lo sacudo de un patadón
despacito

a veces

Otras veces
nos sentamos en la baldosas
que crecen en la vereda
prendo un cigarro
él no
le doy palmas en el lomo

ahí pasa Osvaldo

nos saluda

Mi perro
es la poesía de esta calle.

Diciembre

Que lindo es el cielo, oiga usted, mama, en serio es que yo lo digo, no por pavadas ni es por mentir. Usted sabe de lo hermoso, ya se que sabe, pero me pasa que ahora los ojos se me quedan mirando el suelo y los brazos me flaquean y la cara se me agrieta y nunca pero nunca pensé que esto podía suceder. Yo me reía todo el tiempo, mama, y cuando la superé de estatura y peso, no se si recuerda, yo la alcé con todas mis fuerzas, casi llega al techo usted, como si la cosa fuera al revés, y extrañamente usted no paraba de reírse mucho en aquella tarde en la que vomitó sangre por primera vez. Debe ser el miedo, creo, porque me duele mucho el pecho, se lo juro. Ahora es lo mismo que antes. No se preocupe, es lo mismo: mentiras, palabras vacías, mierda, la muerte que nos persigue a ambos. Solo que ahora ya no se aguanta. Y ni los rayos de la noche, oiga, que de pendejo me hacían venir loco, y yo esperaba el agua de arriba debajo de la mesa de material del patio, allá en la casa de Ramírez y Varela ¿También recuerda eso? Escuche esta: Una vez, en Famaillá, era la noche y yo caminaba junto a usted y unos primitos. Esa noche vi el cometa Halley. No era rojo ni amarillo, como dicen. Era una flecha azul reberberante que cruzaba el cielo ¿A que nunca le conté eso? Está tronando ahora. Son como fogonazos violetas rompiendo la negrura, allá en lo muy alto. Va a llover. Y los miro y los miro, mama, como antes, con los mismos ojos. Pero le puedo asegurar que ni fu ni fa. Ya no le encuentro la magia. Créame que ya no se la encuentro.