Cinco horas de luz
necesito
estallando en pedazos contra la medianera
necesito de los minutos diminutos
corriendo
desde el ombligo de la una hasta el centro
de las seis,
remitiendo el aire a la cítrica dulce proletaria que perfuma
todo lo que respiro. No es necesario
que sea para siempre, porque de solo pensar
se relame mi lengua
saboreando el borrador de lo que relata la boca.
No quiero nada, pues todo
me parece
mucho y demasiado
O si:
Sienta tu cuerpo el cuerpo de mi cuerpo
la espalda de mi pecho, las manos
de mis dedos
todo lo que va por dentro de los ríos
y mis órganos vitales
los pelos y pelusas y lunares que se juntan
a charlar
mientras yo me duermo ¿Que te dice mi cara?
yo no puedo mirarla, a veces no la conozco
pero se que a veces habla
y es un molde de madera tallada
para el estante
de los adornos inservibles que
acumula una casa vieja.
La virgencita del clima
está celeste.
Dejo el final para la tarde
en un ratito nomás:
cuando el sol quiebre la medianera
y mi cara
empiece a decir.
miércoles, septiembre 19
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